La trufa negra o Tuber Melanosporum siempre se ha considerado un manjar exclusivo y de alto valor económico, salvo en la Edad Media, por ello ha sido siempre objeto de estudio, para obtenerla a partir de cultivo.
Se intentaron múltiples sistemas y métodos para su obtención, a partir del momento en que quedó claro su completo ciclo vital, es decir, todas las fases completas de su vida.
Estos intentos datan de finales del S.XVIII y comienzos del S.XIX, cuando estudiosos, científicos, e incluso aficionados, probaron por primera vez su obtención por el sistema de su cultivo. Los resultados fueron siempre negativos, ya que realmente se desconocían los exactos mecanismos y condiciones que se requieren para la producción del perseguido Tuber Melanosporum.

Paralelamente a estos hechos, en la región de la Provence, en Francia, a principios del S.XIX, un agricultor, de la localidad de Saint Saturnin, sembró bellotas para poblar sus tierras de encinas. Algunos años después y de forma esporádica, estos árboles produjeron trufas. La sorpresa fue grande y el extraño hecho le hizo pensar que de alguna forma había descubierto la relación entre árboles y trufas.

De forma secreta adquirió los terrenos próximos y repitió el proceso sembrando las mismas bellotas que producían las encinas que también producían trufas. Al cabo de algunos años más se convirtió en el principal productor de trufas de la zona.
El hecho no pasó desadvertido por los habitantes de la zona, que aun siendo rural y poco poblada, acabaron por descubrir el secreto. Años más tarde, otros agricultores habían conseguido buenos resultados, y la comarca se hizo famosa por la alta producción de trufa negra.
Este hecho totalmente casual fue tal vez el origen del cultivo de la trufa, pero el autentico mérito lo consiguió Augusto Russeau, un comerciante francés que consiguió buenos resultados en distintos territorios de Francia.
Russeau decía ser poseedor de un método infalible y empezó a plantar árboles susceptibles de producir trufa negra en 1855. Años más tarde se verificó que su método era realmente eficaz ya que en 1870 sus resultados eran espectaculares. Todas las otras zonas de Francia que producían trufa, de forma silvestre, se interesaron por este método y vieron en él, el modo de obtener trufa a través de cultivos realizados por la mano del hombre. Pronto corrió la voz que obtener trufas negras era fácil y todos podían hacerlo, incluso fuera de las zonas habituales de producción, pero los desengaños no tardaron en llegar.

Russeau investigó el cultivo de la trufa negra durante más de veinte años y logró informaciones altamente valiosas. Puso de manifiesto un manual para la obtención de trufas, sentando las bases, los requisitos y los problemas que todo agricultor debería sortear para llegar a buen fin.

El método de Russeau se basaba en las experiencias y descubrimientos del agricultor, que en 1802, consiguió en Saint Saturnin obtener trufa negra por primera vez de forma accidental. Sesenta años después el método perfeccionado se conoció en Francia y quedaron sentadas las bases del cultivo de la trufa o de la trufa de plantación.

Entre los conceptos claves destacan: la bellota o simiente como pieza principal, las esporas de trufa negra y un terreno con características determinadas. Pero estas directrices no eran del todo suficientes para la obtención de trufa negra. La habilidad de Russeau se basaba en la obtención de trufa en las mismas zonas de producción aplicando de manera efectiva estos preceptos.

A partir del siglo XX, se han descubierto otros conceptos muy importantes para su correcto cultivo, entre los que destaca la esterilización de la tierra dónde se plantará la semilla portadora de esporas de trufa y la selección del terreno de destino, en base a una estricta analítica.

La cadena básica para el cultivo de la trufa sería la siguiente: impregnar la semilla (bellota) con esporas de trufa, esterilizar la tierra que cumpla los requisitos específicos y acto seguido sembrar dicha semilla. En primera instancia, este proceso debe efectuarse en una maceta de pequeñas dimensiones, hasta que la planta asuma el tamaño suficiente para colocarla a demora en el terreno definitivo. Se colocarán en el campo a una distancia no inferior a tres metros una de la otra.

En cuanto a la elección del tipo de terreno, tal vez uno de los aspectos más importantes, podemos tomar como ejemplo o modelo a seguir, las tierras que producen de forma natural la denominada trufa salvaje. Analizando el mapa europeo nos damos cuenta que tres países son productores de Tuber Melanosporum, y son España, Francia e Italia. Las zonas que producen trufa en estos países tienen en común su altitud y composición químico-física. Al igual que en el caso de la trufa blanca de Alba o trufa blanca italiana, la trufa negra necesita una específica composición de terreno, que es lo que permite que exista realmente dicho tubérculo.

Por ello crecerá sólo en terrenos calcáreos formados en la Era Secundaria, y en particular en el periodo Jurásico y Cretácico, que tengan buena permeabilidad. El terreno ideal para la plantación de la trufa debe cumplir los siguientes requisitos: debe ser terreno proveniente de rocas calcáreas, poroso, permeable, con alto contenido en arcilla pero con presencia de silicio, peróxido de hierro, carbonatos y materia orgánica. La altitud debe estar entre 350 y 1100 metros sobre el nivel del mar. Es importante señalar que el terreno ideal es aquel que contiene como mucho un 50% de arcilla, ya que en porcentaje superior impedirá el drenaje del agua llegando a ser perjudicial. Las zonas productoras de trufa deben ser soleadas y aireadas, pero no deben sufrir un exceso de viento, ya que esto contribuiría a evaporar rápidamente la humedad del terreno. La trufa necesita de la humedad del terreno pero que éste sea poroso para la correcta aireación.

Por último, decir que las especies de árboles preferidas para la obtención de trufa negra son del género Quercus, en concreto encina, roble común, roble pubescente, roble albar y carrasco o chaparro.

En base a todas estas informaciones y a nuestra dilatada experiencia, podemos afirmar que existen fabulosas trufas negras de procedencia silvestre, pero también hemos comprobado que existen excelentes trufas negras de plantación. El secreto para disfrutar de una buena trufa negra está en saber escoger de dónde viene, es decir, de qué terreno. Cosa muy complicada para el consumidor. Por esto es tan importante confiar en la labor de un profesional con experiencia en la materia, que sabe más, ya que dedica su vida a seleccionar la mejor trufa.

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